Pero no hay caso. Cada mañana desde su llegada a México extraña el sabor despabilante de un mate caliente. Cuando camina rumbo a la fábrica. Cuando escucha las discusiones de los compañeros Cuando vuelve a casa. Cuando la noche aparece y con ella los dolores en las piernas, la tos con sangre, los calambres en el cuerpo gastado. Contra la nostalgia no hay receta.
Gracias por la visita cibernética. De algún lado me sonabas jaja.
ResponderEliminarLindo blog, y sí, siempre está latente la utopía del cambio cultural a gran escala.
Saludos!